Sébastien, Baan Dek se enfoca en Tailandia en la difícil situación de los niños y las familias que viven en campamentos de obras de construcción. ¿Cómo es la vida del hijo de una familia que trabaja en obras de construcción en Tailandia?
El principal objetivo de Baan Dek es mejorar el bienestar de los niños y sus familias. A principios de 2010, como consecuencia del fuerte crecimiento económico, el sector de la construcción tailandés experimentó un auge que ha suscitado desde entonces la llegada de una oleada de trabajadores inmigrantes. Alrededor de 600 000 inmigrantes proceden principalmente de Birmania y Camboya; aproximadamente el 60 % son hombres y el 40 % mujeres. Esta composición de género se traduce en que los niños también se ven afectados por las condiciones imperantes en el sector de la construcción.
Tanto los trabajadores como los niños viven en alojamientos provisionales, a menudo llamados campamentos de obras. El estudio empírico realizado por la BDF y UNICEF reveló que alrededor de 60 000 niños viven en este tipo de campamentos. La vida allí es muy difícil. El entorno no es adecuado para los menores, carece de espacio apropiado para hacer los deberes, jugar o practicar deporte, por ejemplo. La existencia de riesgos relacionados con la maquinaria o el almacenamiento de materiales es algo habitual. Muchos niños no están registrados oficialmente, lo cual los expone a riesgos. Sus padres suelen trabajar todo el día, seis días a la semana, por lo que, a menudo, los menores quedan desatendidos. El acceso a la salud y a la educación es también un gran problema.
Se trata de una transición difícil, pues la mayoría de estos niños dejaron atrás sus comunidades, familias y amigos, y la mayor parte de ellos asistían a la escuela en sus países de origen. Una vez en los campamentos, pierden todo su capital social y deben adaptarse a un nuevo entorno. Esto llamó la atención de Baan Dek y puso de relieve la necesidad de actuar.
Con demasiada frecuencia, más que por el esfuerzo y el talento propios, los logros educativos están determinados por el lugar de nacimiento, la riqueza familiar, el origen étnico y el género. ¿Podría explicar de qué manera esa «interseccionalidad» repercute en las perspectivas educativas de los niños que viven en los campamentos de obras tailandeses?
En Tailandia, en teoría, todos los niños tienen derecho a acceder a una educación gratuita, independientemente de su origen y de su situación legal de residencia. En la práctica, los hijos de los trabajadores inmigrantes enfrentan retos muy duros. Cuando llegan al país, el idioma es una barrera, pero en pocas semanas aprenden muy rápido. En realidad no debería ser un problema, pero muchas autoridades educativas se oponen, manifestando su preocupación por que se supere el tamaño óptimo de los grupos escolares o frenen los programas.
Para muchos niños inmigrantes, la llegada no se produce al inicio del curso escolar, sino cuando comienza el trabajo de sus padres. Estas familias se trasladan con frecuencia, en función del trabajo disponible en los distintos campamentos. También existe una barrera económica. Matricular a cada niño y comprarle uniformes y material escolar cuesta unos 200 euros, y estos gastos se multiplican si cambian de lugar de las obras y de escuela más de una vez al año.
Sobre Sébastien More-Chevalier
Sébastien More-Chevalier es un socioeconomista con 20 años de experiencia en el trabajo humanitario y de desarrollo. Ha trabajado para ONGs internacionales y organizaciones de la ONU en diversos contextos y países, como Bolivia, Malí, Zimbabue, Burkina Faso, Marruecos, Uganda y Tailandia.
Apasionado por el impacto social, la estrategia, el diseño y la implementación de programas, Sébastien también ha acumulado experiencia con el sector privado y las asociaciones público-privadas.
Actualmente es director ejecutivo de la Fundación Baan Dek (BDF) y se encarga de la supervisión estratégica de sus operaciones y programas, y del plan estratégico de la organización. En su anterior cargo de director de impacto sistémico en la Fundación Baan Dek, desarrolló y dirigió la estrategia de impacto sistémico y su siguiente fase, la iniciativa Building Social Impact (BSI).
Sébastien posee un máster en gestión y análisis de proyectos por la Universidad de Economía de Rennes, Francia.
¿Cómo aborda Baan Dek el problema? ¿Puede explicarnos cómo se relaciona con los distintos grupos de interés en torno a los niños?
Para abordar las desigualdades y la discriminación que sufren los niños inmigrantes, es crucial garantizar el acceso a elementos multidimensionales como la salud, la educación y un entorno de vida seguro. Nuestro enfoque se estructura en tres pilares programáticos fundamentales.
A través del primer pilar, la BDF proporciona ayuda inmediata para hacer frente a las necesidades más urgentes de las familias vulnerables. Identificamos si la familia atraviesa dificultades importantes, como violencia doméstica o problemas de salud mental, que podrían socavar seriamente los hitos esenciales del desarrollo infantil, con las consiguientes repercusiones potenciales para toda su vida.
En el marco de este pilar, y gracias al apoyo de la Fundación Julius Baer, funciona el «Jardín Infantil de Cuidados Intensivos» de Baan Dek, que es un jardín infantil registrado ubicado dentro de las instalaciones de nuestra oficina en Chiang Mai. Allí, los niños reciben el apoyo de maestros especializados para garantizar que alcancen sus hitos de desarrollo en la primera infancia. Además, trabajadores sociales ayudan a las familias a resolver los problemas más acuciantes y las asesoran sobre crianza positiva. La Fundación Julius Baer también proporciona ayuda financiera para garantizar que más niños necesitados puedan ser escolarizados.
Por medio del segundo pilar, pretendemos capacitar a las comunidades y sus líderes para que aborden los problemas que enfrentan habitualmente en los campamentos y los resuelvan de forma autónoma. Para ello, trabajamos con jóvenes de este entorno. Alrededor de 30 de ellos, que pasaron por las mismas dificultades que los niños inmigrantes, han recibido capacitación y trabajan para identificar situaciones críticas en el campamento, orientar a las nuevas familias que llegan, ayudarlas a matricular a los niños en la escuela, ayudarlas con los deberes escolares y organizar actividades sociales. En poco tiempo, se convierten en modelos a seguir en la comunidad y algunos de ellos incluso aspiran a cursar estudios superiores; una joven de este grupo dijo que quiere ser arquitecta. Esto demuestra que, a través de nuestro trabajo conjunto, aprenden, ganan confianza en sí mismos, se ven de otra manera y desarrollan nuevas aspiraciones. Ellos inspiran y apoyan a los niños de la comunidad.
También trabajamos con adultos de este entorno, en particular mujeres, que son poderosos agentes de cambio.
Una vez que dichas redes son estables y fuertes, Baan Dek puede retirarse progresivamente y dejar la comunidad en sus manos.
Las escuelas también son grupos de interés fundamentales. Desarrollamos relaciones sólidas con 70 escuelas públicas para facilitar la escolarización de los niños, pero también capacitamos a los maestros para identificar riesgos de protección infantil y efectuar las remisiones correspondientes. Todos ellos participan en la creación de un entorno protector para los niños vulnerables.
El tercer pilar es nuestro enfoque estratégico para la generación de un cambio sistémico en el sector tailandés de la construcción mediante un cambio en las prácticas de las empresas en relación con los trabajadores inmigrantes y sus hijos que viven en los campamentos.
¿Cuáles fueron los motivos y las dificultades principales de Baan Dek a la hora de relacionarse con empresas del sector inmobiliario y de la construcción?
Las empresas dependen de los trabajadores inmigrantes y los atraen, haciéndolos vivir en sus propias instalaciones. Tienen una responsabilidad para con ellos.
Una dificultad importante es la alta fragmentación de la cadena de suministro de este sector, en el que la subcontratación es la norma, lo que provoca una dispersión de responsabilidades.
La mayoría de las grandes empresas desconocían la situación real en sus campamentos. Nuestra primera acción, en 2010, tenía como objetivo su sensibilización. En colaboración con UNICEF publicamos un estudio sobre la situación de los campamentos, destacando las cifras y los riesgos.
Junto con tres empresas pioneras elaboramos un marco de acción compuesto por 12 recomendaciones. Desarrollamos una herramienta de autoevaluación para ayudar a las empresas a conocer las condiciones reales de sus campamentos. La herramienta ofrece recomendaciones automáticas de actuación y un panel de monitoreo. Estos informes pueden usarse para hacer un seguimiento de los resultados de las empresas en cuanto al aspecto social de sus informes de sostenibilidad.
Sobre la base de esta experiencia, en 2022 lanzamos la iniciativa «Building Social Impact» (BSI), destinada a implicar aún más a los principales grupos de interés del sector inmobiliario y de la construcción y a mejorar la sostenibilidad social en este sector.
¿Cómo convencieron a las empresas para que se involucraran?
Llevamos a cabo una investigación sobre el rendimiento social de la inversión derivado de la aplicación del marco de acción de la iniciativa BSI. Nuestros resultados demuestran que cada unidad invertida en el bienestar de los niños y trabajadores de los campamentos genera un rendimiento social de la inversión de 7 unidades.
Este impacto social en los campamentos también genera beneficios directos para el negocio de la empresa, considerando tres argumentos de peso:
- Mitigación de riesgos: las empresas suelen ser conscientes de los riesgos de seguridad en sus campamentos solo a través de la herramienta de evaluación de la iniciativa BSI. Una vez que disponen de la visión completa, comprenden también los altos riesgos para la reputación que corren si no actúan con rapidez.
- Retención de empleados: los trabajadores no solo valoran sus salarios, sino también el entorno en el que viven y las oportunidades para sus familias. La mejora en las condiciones en los campamentos aumenta la retención de los trabajadores, lo que garantiza a los empresarios una productividad más estable.
- Rendimiento ESG: Tailandia fue el primer país del sudeste asiático en adoptar un plan de acción nacional para las empresas y los derechos humanos. Todas las empresas cotizadas deben informar sobre sus resultados de sostenibilidad ESG. Las herramientas de la iniciativa BSI les permiten hacer un seguimiento de su rendimiento social y notificarlo fácilmente, así como cumplir los requisitos de presentación de informes.
En 2022 lanzamos la iniciativa BSI con las tres empresas pioneras originales; en la actualidad hay 17 empresas a bordo.
Las empresas implicadas han hecho grandes progresos. Ahora se esfuerzan por encontrar soluciones para escolarizar a los niños, renovar los campamentos y proporcionar información crucial sobre cómo acceder a los servicios esenciales, todo lo cual representa una gran mejora.
No se trata solo de financiación. Según su experiencia, ¿qué tipo de contribución necesitaría Baan Dek para que el proyecto tenga éxito?
El compromiso y la experiencia de diversos grupos de interés de los sectores público y privado. Como ONG, necesitamos apoyo para tener un mejor acceso a los distintos grupos y abrir las puertas adecuadas. Aunque hemos establecido buenas relaciones con promotores inmobiliarios y empresas de construcción, un paso importante sería conectarnos con los inversionistas del sector. Sería de gran valor garantizar que el marco de la iniciativa BSI forme parte de las condiciones de financiación de cualquier obra de construcción, tal vez recurriendo a incentivos vinculados a tasas de interés reducidas. Tenemos que aprender más y cualquier experiencia y consejo serán bienvenidos.
¿Qué tiene que pasar para que en un plazo de 5 a 8 años Baan Dek cierre sus operaciones en Tailandia y abandone la misión?
Baan Dek es una ONG con una clara estrategia de salida: nuestro pilar de cambio sistémico pretende cambiar las prácticas del sector desde dentro. Si el sector asume su responsabilidad, adoptando la iniciativa BSI como una práctica habitual, garantizando entornos de trabajo y de vida seguros, asegurando la integración de las familias de los trabajadores y su acceso a la salud y la educación, entonces Baan Dek ya no tiene motivos para operar sobre el terreno y el proyecto se considera un éxito.